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Mi abuelo materno Peter Szemere
Descendants of Peter Szemere

Mi abuelo materno Peter Szemere


Peter Szemere nació en Budapest, Hungría, el 6 de julio de 1934, en una familia de clase media alta dedicada a la industria publicitaria. Era hijo único de Lívia Stern y Károly Szemere, ambos también originarios de Budapest. Desde pequeño, Peter estuvo rodeado del calor familiar y de un entorno culturalmente rico, aunque la sombra de los tiempos turbulentos comenzaba a vislumbrarse en Europa. Su infancia estuvo marcada por la paz relativa, pero en 1944, cuando Peter tenía apenas 10 años, la Segunda Guerra Mundial alcanzó su punto más oscuro. Su padre fue arrestado y llevado a trabajos forzados en Rusia, en un destino que, como muchos otros, terminó siendo trágico: nunca regresó, y se dice que murió a causa del frío y las duras condiciones del gulag.
La desaparición de su padre dejó en la familia una profunda tristeza y un vacío que nunca pudo llenarse completamente. Durante esos años difíciles, Peter vivió en un apartamento en Budapest con su madre, Lívia.
Peter vivía en un apartamento con su madre y a los 5 años los sacaron de su casa y lo llevaron a un Ghetto donde vivieron hasta la liberación de los Nazis por los rusos. En ese momento regresaron a su casa, pero metieron más familias a vivir con ellos, por orden del comunismo soviético. Allí vivieron hasta la liberación de Budapest por las tropas soviéticas, en 1945.
La guerra dejó profundas cicatrices en su infancia: la pérdida de su hogar, la incertidumbre, el miedo y la privación marcaron su niñez. Tras la liberación, regresaron a su vivienda en Budapest, pero la situación política empeoraba rápidamente con la instauración del régimen comunista en Hungría. La familia de Peter fue obligada a compartir su hogar con otras familias, en una convivencia forzada bajo la vigilancia del Estado soviético. La vida cotidiana en ese contexto fue de austeridad, control y pérdida de libertades. La educación de Peter fue en colegios públicos, donde finalizó su bachillerato, y en paralelo, realizó el servicio militar obligatorio, especializándose en comunicaciones, en las que se destacó por su talento y dedicación. Además, fue un talentoso deportista en balonmano, logrando ser seleccionado juvenil representando a Hungría en competencias nacionales.
A pesar de no tener una tradición ni educación judía formal —pues en el régimen comunista la religión estaba prohibida—, Peter no perdió su identidad ni sus raíces. Tampoco pudo celebrar su Bar Mitzvah ni practicar abiertamente su cultura, pero en su corazón siempre mantuvo viva la memoria de su herencia.
En 1956, la historia de su vida cambió radicalmente. En ese año, tras contraer matrimonio con Marian Sessler por petición de sus padres y suegros, Peter tomó la valiente decisión de dejar Hungría, aprovechando las fronteras abiertas tras la Revolución Húngara. La huida fue una odisea: primero permaneció un año en Austria, donde vivió en condiciones precarias y enfrentó la incertidumbre de un futuro incierto, y luego viajó a Génova, Italia. Desde allí, abordó el barco *VESPUCCI*, rumbo a Venezuela, llegando en 1958, en busca de un nuevo comienzo. Su llegada a Venezuela fue un acto de esperanza y determinación, aunque a su llegada tuvo que declarar por miedo que no era judío de religión.
El papá de mi abuelo tuvo 4 hermanos, Kato a quien los Nazis se llevaron y nunca se supo más de ella. Gisela, que estuvo en contacto con mi abuelo mucho tiempo y murió en Hungría, nunca tuvo hijos. Miklos a quién mataron en el Danubio, dejando a la esposa embarazada. Sus hijas viven hasta hoy en Hungría y mantiene contacto regular y las visita cada vez que puede cuando viaja a ver al cuñado Zoltan. Y finalmente Jozsef, quien se suponía lo ayudaría a salir y finalmente dejó, con la excusa de no tener puesto. A pesar de eso, mantuvo contacto con él y en el año 2000 se encontró con sus dos hijos (primos hermanos) en Colonia-Alemania, con quiénes hasta hoy mantiene contacto y una estrecha amistad.
En el país, comenzó desde abajo, trabajando en una armería en Chacao, donde aprovechó sus conocimientos en mecánica. Posteriormente, trabajó en una oficina de topografía dirigida por un húngaro, junto a su esposa. Gracias a la amistad y ayuda de Emeric Frank, un gran amigo que lo apoyó en sus primeros pasos, y de la familia Stegman, quien lo acogió temporalmente, Peter logró levantar su vida desde la base.
Juntos fundaron una fábrica de ropa en el centro de Caracas, que se convirtió en su principal sustento y símbolo de su capacidad de superación. A lo largo de los años, Peter fue construyendo su destino con esfuerzo, fe y resiliencia.
En 1962 nació su primera hija, Sandra, a quien siguió Lilian en 1966. La pérdida de su madre en Hungría en 1964, víctima de la soledad y la distancia, fue un golpe duro en su corazón. Pero la mayor tragedia ocurrió en 1967, en el terremoto devastador en Caracas, cuando Peter salió a un partido de fútbol y, al salir del estacionamiento, presenció el colapso del edificio Neverí en Altamira. En ese terrible momento, perdió a su esposa Marian y a sus dos hijas pequeñas, quienes estaban en su casa. Ellas, en la historia familiar, están enterradas en el Panteón de la UIC, en el cementerio del sur.
La pérdida de su familia lo sumió en una profunda tristeza y aislamiento. Durante un tiempo, se alejó de todo, enfrentando un duelo que parecía insuperable. Sin embargo, su espíritu de lucha y el apoyo de un grupo de amigos cercanos le dieron la fuerza necesaria para seguir adelante. Gracias a ellos, conoció a Katalin Fogarasi, una joven húngara que llegó de Israel. La familia Stegman también fue un pilar fundamental, adoptándolo temporalmente y ayudándolo a reconstruir su vida. El 3 de octubre de 1968, Peter volvió a casarse, esta vez con Katalin, con quien formó una nueva familia llena de esperanza. De su unión nacieron tres hijas: Nathalie en 1971, Jannette y Jennifer (morochas) en 1974. La llegada de sus hijas fue como un renacer, un signo de que la vida siempre puede ofrecer segundas oportunidades.
En sus años en Venezuela, Peter se dedicó con pasión a su fábrica, Modelos Quins, que junto a su esposa dirigieron durante muchos años. La familia creció, sus hijos y nietos llenaron su vida de alegría y amor. Su fe y sus valores judíos comenzaron a fortalecerse en la comunidad venezolana, donde encontró un espacio para practicar y vivir su identidad con dignidad, en contraste con su infancia en Hungría.
Su historia familiar se enriqueció con los logros y vidas de sus hijas: Nathalie se casó en 1996 con Enrique Birnbaum, y tuvieron tres hijos, Andrés, David y Taly, quienes actualmente viven en Venezuela después de 15 años en Miami. Jennifer, la segunda hija, se casó en 2004 con Edy Wertenstein, y juntos tuvieron tres hijas: Sophia, Dana y Yael. Jannette, la tercera, se casó en 2007 con Eduardo Kuperstein, y tuvieron dos hijas: Andrea y yo (Daniela).
En el año 2019, mi abuelo enfrentó una noticia desgarradora: un grave accidente automovilístico en el que estuvo involucrada su hija Nathalie. Aunque milagrosamente ella salió con vida, quedó profundamente marcada por esa experiencia, sin una explicación clara de cómo logró sobrevivir. Este evento fue un golpe muy duro para él, pues sentía que no podía soportar otra pérdida después de todo lo que había atravesado en su vida.
A lo largo de los años, Peter mantuvo estrecha amistad con su grupo de amigos con quienes compartió más de 50 años en juegos de cartas cada martes, un ritual que simbolizaba su lealtad, amistad y tradición.
Mi abuelo suele decir que ha vivido la vida de un gato, con sus siete vidas. A lo largo de los años, ha atravesado varios episodios difíciles y accidentes que parecían querer acabar con su historia. Sin embargo, su fuerza interior, combinada con el amor y el cuidado de su esposa Katy, le han permitido superar cada desafío y seguir adelante con su espíritu alegre y jovial.
Siempre con una actitud de broma y optimismo. Hoy, con más de 91 años, Peter sigue siendo un ejemplo viviente de resistencia, esperanza y amor por la vida.
Su historia es un testimonio de que, incluso en las circunstancias más adversas la guerra, el exilio, la pérdida y la enfermedad, la voluntad de seguir adelante, el valor de la familia y la fé en un futuro mejor siempre pueden prevalecer.
Su vida es un legado de perseverancia, un ejemplo que inspira a generaciones, y una prueba de que nunca hay que rendirse, que siempre hay una nueva oportunidad para la felicidad.
Mi abuelo Peter me enseñó a jugar al Backgammon y al juego de cartas Rummikub. Me encanta jugar con él porque, cuando no estoy segura de cómo mover una ficha, me sopla qué movimiento haría él. Esto me gusta mucho, ya que así puedo aprender más y mejorar mis habilidades en ambos juegos.
Él está lleno de vitalidad, aunque ya no tanto como en sus mejores tiempos; la edad claramente deja su huella. Sin embargo, sigue siendo un ejemplo vivo de que nunca se deben perder la esperanza ni las ganas de seguir adelante, sin importar las circunstancias.
A raíz de la pandemia de COVID-19 en 2020, mi abuelo Peter redescubrió su fe y empezó a participar en un grupo de Zoom de una sinagoga en Hungría, donde todos hablan húngaro. Que hasta el día de hoy se conecta con entusiasmo, se ha vuelto muy aficionado a los shiurim y al estudio semanal de la parashá.
Me encanta compartir cada momento a su lado y escuchar esas palabras en húngaro que tanto lo llenan de orgullo y alegría.
Tuve la suerte y el privilegio de poder entrevistar a mi abuelo Peter. Para mí, fue una experiencia invaluable poder escuchar en vida toda su historia, sus vivencias y sus enseñanzas. A través de esta entrevista, he podido acercarme más a mis raíces y comprender de dónde vengo, honrando su legado y su historia. Mi abuelo, con sus 92 años, no solo es un ejemplo de perseverancia y amor por la familia, sino también un tesoro de sabiduría que siempre llevaré en mi corazón. Este trabajo representa un homenaje a su vida y a la importancia de mantener viva la memoria de nuestras raíces.

Yo con mi abuelo Peter viendo fotos y contándome su historia
Fotos y documentos
de mi abuelo Peter y su familia
Mis abuelos maternos, Katy y Peter durante su noviazgo




Matrimonio Civil


Ketubá


































